Ilustración de artículo: Nutrición y escalada: energía para la piedra

Entrenamiento

Nutrición y escalada: energía para la piedra

El cuerpo del escalador necesita combustible de calidad. Comprender la relación entre la alimentación y el rendimiento mejora la experiencia en la roca.

Entrenamiento7 min de lectura

La escalada es un deporte de intensidad variable: alterna momentos de esfuerzo máximo con períodos de reposo relativo en los que el escalador busca un agarre estable para recuperarse. Esta intermitencia tiene implicancias directas en la estrategia nutricional.

La disponibilidad de glucosa para los músculos es crítica en los momentos de mayor intensidad. Una alimentación con carbohidratos de calidad en las horas previas a la sesión garantiza que los depósitos de glucógeno estén completos. Arroz, avena, batata y frutas son fuentes habituales entre escaladores con atención a su nutrición.

La hidratación es otro factor subestimado. En la montaña, el frío puede enmascarar la sed, y la deshidratación afecta directamente la coordinación y la capacidad de toma de decisiones. Mantener una hidratación constante, incluso en días fríos, es parte de la preparación.

Las proteínas tienen un rol clave en la recuperación. Los tejidos conectivos —tendones y ligamentos— son la estructura más frágil del escalador y también la que más tiempo requiere para repararse. Una ingesta adecuada de proteínas en las horas posteriores al entrenamiento contribuye a ese proceso.

El peso corporal es un factor en la escalada, pero su optimización debe hacerse con criterio médico y sin comprometer la salud. Reducir el peso a costa de masa muscular o de la integridad del tejido conectivo genera más problemas que los que resuelve. La relación fuerza-peso ideal varía según la disciplina y el objetivo de cada escalador.